Rabosa


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Parque de Montaña "Daniel Esteve"
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Texto inicial de Daniel Esteve Poveda, presidente del C.E.E hasta 1979
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Hay algo de leyenda: se dice que perteneció a mi familia; también que fue donación y por ello lleva mi nombre.
Rabosa perteneció a un matrimonio sin hijos (Pompeyo Castelló y Josefa Abad), oriundos de Novelda Delicado estado de salud le hizo encontrar refugio en su finca de Rabosa, que acondicionó a sus gustos y necesidades que le podían permitir su fortuna. Solidez del edificio, buena cimentación y fuerte estructura permitieron años de abandono y deterioro sin gran prejuicio hasta su reconstrucción. En su sencilla y bella linea está la elegancia y esbeltez que hacen de él un edificio singular. La finca, pese a su accidentado terreno estaba bien plantada y cultivada; los nacimientos de agua permitían huerta y sobre todo buen sistema de irrigación y uso doméstico. Una cisterna recogía el agua para uso domestico, una estufa la calentaba a la vez que proporcionaba calor a la primera planta, bajo el torreón de la derecha un capilla servía para oficiar a un canónigo sobrino de la familia, un cuidado jardín, un gallinero,... Hasta la finca llegaba un camino carretero mandado construir por el señor Castelló.
 
El matrimonio no dejó descendencia e interesados en la propiedad había unos 29 sobrinos pertenecientes a varias estirpes, algunas fallecidos sus representantes, repartidos por la faz de la tierra, el más cercano en Novelda y el más lejano en Venezuela. 
Nuestro C.E.E. tenía ya en construcción la primera fase de la C. Deportiva. Estábamos inmersos en una gran aventura, a la que llamaba paradójicamente "el paso de la araña", en recuerdo de ese punto tremendo y decisivo de la escalada a la pared norte del Eiger, de donde ya no se puede regresar y hay que salir por la cumbre o perecer. 
No nos encontrábamos satisfechos, no se había podido conseguir que todos, absolutamente todos, los socios del Centro suscribieran Títulos de la C.D.; esto traía consigo el que todo socio del Centro no lo era de la C.D.; quedaba roto el nexo de la gran familia que queríamos constituir , y de otra parte se desviaba la finalidad montañera nuestra. 
Una mañana de primavera del año 1968 hicimos etapa para almorzar en nuestra habitual excursión del domingo, en el entonces lavadero de Rabosa, hoy balsa descuidada y seca junto a la rambla, donde concebí la idea de que aquella finca podía; y debía ser, para el Centro. Iba en el grupo José Pérez (Pepito el Cartero), con quien desarrollé aquella ilusión. Desde entonces la idea me preocupaba y me quitaba el sueño. Era necesario encontrar solución a lo que se había "roto" con la C.D. Había que hallar una obra que fuera de todos y para todos los socios del C.E.E. sin diferencias. Fueron tres años de estudios, de acercamientos, de tanteos en el mayor sigilo.
 
A uno de los herederos de Rabosa, D. Ricardo Ablld Dr. Ingeniero Agrónomo, Delegado de !a Federación Española de Montañismo en Huesca, le había conocido en el Campamento Internacional de Alta Montaña, celebrado en el verano del año 1961 en Granja de Viadós (Huesca) y me unía buena amistad nacida de nuestro amor a la montaña. Con él conversé varias veces sobre mi idea, que le pareció excelente y me confesó que la apoyaría ante sus parientes, con preferencia a cualquier urbanización, en igualdad de condiciones. 
Rabosa estaba por entonces (años 1968, 69 y 70) vendida en documento privado a un "pie noir" argelino. 
No fue fácil obtener la resolución del contrato de compraventa por incumplimiento; no fue tampoco sencilla legalizar e inscribir la finca a favor de los herederos; también fue comprometido obtener autorización de la Asamblea General Extraordinaria celebrada el 15 de enero de 1971 para la compra; pues los asambleístas, lógico, querían saber de que finca se trataba; la divulgación de la idea hubiera sido fatal (agradezco aquel voto de confianza que se tradujo en la realidad palpable que hoy todos disfrutamos: Rabosa).
El día 24 de octubre de 1971 se firmaba el contrato de compra, y el 22 de mayo de 1973 se otorgaba escritura por el Notario de esta ciudad D. Ángel Hijas Palacios. La adquisición de Rabosa supuso al socio 600 ptas. a pagar a razón de 20 ptas. al mes; "milagro" que no se repetirá probablemente. 
El Parque de Montaña significa: Posibilidad a toda persona de poder disfrutar de una estancia en plena naturaleza con perfecto derecho, y gozar de su bondad y beneficios. 
 
Al Centro, posibilidad de divulgar el amor a la montaña, de impregnar al socio y ciudadano de un respeto a la naturaleza, de crear un Parque de Montaña, escuela de civismo y ejemplo de lo que se podía hacer a nivel local, comarcal y nacional. Cuantos lugares de nuestra geografía podrían dedicarse a esta clase de Parques, cada cual con sus características, que sirvieran de armonía al ciudadano en su duro bregar diario, de conocimiento (conocer es amar), de respeto (porque lo que se ama se respeta), de estudio, e investigación, de convivencia, de hermandad, de paz y alegría, de que tan faltos vamos estando. 
y así vemos como proliferan el de La Font Roja, Los Molinos en Crevillente; otros que hay en estudio por algunos Ayuntamientos; y muchos mas que se verán. Es un instintivo retroceso a la naturaleza. Seria dedicación franca y socialmente rentable. 
El Parque de Montaña tiene unas posibilidades insospechadas. Hay mucho por hacer; las futuras generaciones se encargarán de ello. Ha de conseguirse sea un auténtico Parque de Montaña en donde las plantas, los animales y las personas se respeten en mutua y plena libertad.
Hay que reconocer la gran labor que en el Parque realizó el amigo "Xuano" y su equipo de Veteranos con su dedicación, interés y amor hacia la idea del Parque. 
La Asamblea General Extraordinaria celebrada el 27 de noviembre de 1971 acordó, por unanimidad, (a petición del socio núm. 2 del Centro, don Oscar Santos González) dar mi nombre al Parque de Montaña. 
La vida nos depara sinsabores y también satisfacciones, el Parque de Montaña es una de ellas.
El Centro consiguió lo que se proponía: poner a disposición de los pueblos del Valle, unidos en un mismo laborar y sentir, un medio: el Parque de Montaña, para que esta unión en el trabajo continúe en la naturaleza, que a nadie desestima y que ha de ser de todos, en su uso, su respeto y su amor.